A las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían.

miércoles, enero 10, 2018

Texto que escribí para una lectura (con panel de debate posterior) en el Festival Literario de Copenhague

Es un placer estar aquí. Un placer y un honor.
Gracias de antemano por aguantar ahí sentados mientras leo estas líneas.

La aritmética de la vida no siempre nos lleva a la grandilocuencia del triunfo, pero si el triunfo fuera algo tan sencillo como el placer de sentirse bien con lo que uno hace, estar aquí es una forma de triunfo. Un triunfo en minúsculas, escritas a mano y en un trozo de papel arrugado. Un triunfo como la vida de verdad, que sucede entre horas.

El tema del que voy a hablar no es académico, aunque podría serlo si el enfoque atendiera a criterios de esa índole. El tema tampoco es, en puridad, literario, si nos circunscribimos a la literatura como el asunto ese de escribir e intentar hacerlo con cierto criterio y, además, que alguien lea lo que uno escribe.
El tema es, en realidad, vital, pensando que la literatura que se hace lejos de las paredes de tu infancia, se entiende como se entiende también la vida en la diáspora.

Gustave Flaubert dijo “escribir es una manera de vivir”, y aquí me gustaría hablar de la manera de vivir lejos de casa. La manera de vivir escribiendo en un lugar en donde tu idioma no resuena en cada esquina.
Y para esto lanzo aquí dos preguntas al aire:
¿Habría sido Cortázar el mismo escritor si se hubiera quedado por siempre en Argentina?; ¿Cómo habría sido la producción literaria de Fernando Aramburu si hubiera vivido siempre en San Sebastián?
La respuesta parece obvia y seguramente es extensible a todos los que hemos vivido o vivimos lejos de nuestro entorno natal: el exilio, el vivir lejos del lugar en que uno nace, modela a los individuos y por lo tanto al producto del trabajo de los mismos.

En mi caso, escribo lejos de la ciudad que me vio crecer. Esa Barcelona de baldosas fotogénicas, de luminosidad amable, y de cajeros automáticos como hoteles para los que no tienen nada más que tiempo, recuerdos de la vida que no fue, y cartones para resguardarse del frío.

Cuando uno se va a vivir a un lugar nuevo suele salir cargado de preguntas (o de miedos, o de ambas cosas) y llega con los ojos bien abiertos. Y así llegué yo a Helsinki. Uno entra en la vida de la ciudad como Yuko Akita, buscando su poesía en su nieve. Luego, con el tiempo, la nieve se convierte en algo pesado y detestable, o en la salvación del otoño; la poesía (especialmente la lectura) se vuelve un refugio.

Pero en el extranjero, en donde se hablan lenguas desconocidas, tampoco existen los entornos de comunicación en tu propia lengua y éstos hay que crearlos. Hay que generarlos. Y de aquí se extrae aquello de lo que hablaba el título de esta charla: el escritor en la diáspora no sólo escribe sino que se convierte en un activista literario y social. El escritor lejos de casa genera entornos comunes para poder compartir, porque éstos no existen de forma previa. Tertulias, talleres, cafés, lo que sea que te devuelva a esa forma de patria que es la lengua en la que pediste agua por primera vez.

Tal vez la literatura pequeña, la de los que escribimos con grandes aspiraciones pero pocos lectores, sea como el fútbol de barrio, el fútbol de potrero. Y por tanto, la literatura cuando se está lejos de casa, es literatura de barrio y de amigos, de afinidades en cafés como ínsula de tu lengua, como refugios para el imaginario de tu infancia.

Hace un tiempo leí una cita del aquí presente Fernando Iwasaki que decía “Se escribe por los arroyos y los torrentes de los libros leídos”, y yo ahora me aventuro a buscarle una analogía facilona: se vive por los arroyos y los torrentes de la existencia vivida. Por la simple y contundente razón de que vivo allí, en la bella y homogénea capital de Finlandia. Esa salvedad llana de los mapas, que no nos permiten (ni escalas, ni carajos) contar sus árboles y sus lagos. Hay tantos. Por esa razón lo que escribo es ya un producto de todos y cada uno de los minutos pasados, de los torrentes de libros, de los arroyos de mi existencia.

Y por esa razón, la obra de un escritor es el producto de su voluntad de trascender y, más allá de la desvinculación objetiva con su autor, hay una vinculación, quizás disimulada, que es que el producto final -la obra- es absolutamente inalienable al sujeto que escribe, que se embolica, se pelea, se desquicia, y siente el placer más absoluto mientras que trabaja la cosa en cuestión.


Muchas gracias.

jueves, noviembre 30, 2017

AZUL OSCURO (contenido en Lágrimas agraces)

este poema está dedicado a mi hijo Alvar, principio y fin de todas las cosas


Ahora todo se resume en tu sonrisa.
Rasgas feliz el azul oscuro de tus ojos
que son tan de tu madre,
tan del rumor del cielo de las ciudades,
de los libros marcados y subrayados,
de su abandono en el estante de los años
que libera la maleza
y su esplendor desordenado.
De tantos abrazos, de tantos amigos
que resumen el tiempo pasado.
Tan del gorgoteo del café por las mañanas,
de lo que era sentarse sobre una roca
con el tomillar en flor como patio de butacas,
de acordes de guitarra, destellos ágiles,
la felicidad de los días blancos y sus veladas bullangueras.
Del hondo y lejano recuerdo
de la verbena en agosto bajo los quietos farolillos,
con nosotros estirados en el suelo
observando los pies bailarines de nuestros padres.
Tan de cada nueva oportunidad
que supuso cada nuevo amigo,
cada nuevo colegio,
cada mes de mayo hacia el verano,
aquella bicicleta empapada de tormenta,
risas libres, charcos bajo el arcoíris,
la facultad y su olor a arce,
el incierto y apasionante futuro que me aguardaba.

Son tan del olor a jazmín en el patio de Sant Jaume,
de los grillos que nos acompañaban por las noches,
del color brioso de los sauces y del tiritar de los álamos
en las orillas ahora lejanas del río Segre,
de cada noche de coloquio con café a deshoras,
siempre tarde, en la madrugada,
de cada carta ganadora en la jota negra,
cuando los juegos en familia y los pies bajo el mantel,
reposados junto al brasero.
Son tan del mirlo que cantaba desde el cañaveral,
recién descubierto, zigzagueante y veloz en su vuelo,
del alud de besos de cada Nochebuena,
del descanso para el alma que es una ducha prolongada,
unos pies descalzos en un avión,
tan de volver a casa, jugar contigo,
cerrar un libro, apagar la luz,
dormirse con tu respiración,
y tu belleza azul trazada como la única verdad posible,
tan mía, tan de tu madre,
todo tan resumido en tu cabecita girándose
para sonreírme
cuando cruzo el portal del apartamento,
cuando el mundo entero, su luz,
y sus recuerdos
caben en ti. 

jueves, noviembre 23, 2017

Breu carta d’espera


T'escric per dir-te que t'estimo amb una obsolescència estranya i                                                                                      -discontinua.
Estem en el temps del no res,
exhaurits al costat d'una ampolla despullada.
Descastats, sense etiqueta.
Un home mirant amb esperança una via de tren
oblidada entre males herbes.
La foscor del migdia en que vam estar nus.
Un record que encara viu.
Ara la nit i els arbres:
ella sempre torna,
I ells, esperant per poder tancar els ulls per no veure els llargs 

                                                                                -silencis,
mai no es mouen del seu lloc.

viernes, agosto 18, 2017

diecisiete de agosto

De todo lo de ayer, queda un dolor tremendo. Asfixiante. Un dolor en el que cabe Barcelona entera, toda Cataluña, toda España, toda Europa, volviendo a hacer lo que hacemos cada día: vivir. Intentarlo.

Barcelona no es sólo mi ciudad, Barcelona es la ciudad. Esa ciudad que es todas las ciudades del mundo. El lugar en el que me vi crecer y en donde soñé con conocer otras ciudades, otros cielos. Ese rincón de panots de Escofet y fuentes de Benito Urban desde el que imaginé y leí el mundo grande cuando yo era un niño. Barcelona es ese lugar en el que fui libre de ser tanto como quise y como pude.

Ahora la atrocidad ha pasado allí, otras veces pasó en otros lugares. Pero su odio, su barbarie, no podrá con nosotros. No pueden con nosotros. Ellos son los malos y son pocos, muy pocos. Nosotros somos muchos más: somos todos.

Por esa rambla mojada por el alivio de las mangueras de los limpiadores matinales caminé muchas veces con mi padre durante nuestras visitas de domingo al mercado de sellos y monedas de la Plaza Real. Esa rambla, en mi niñez, significaba la excursión hacia un mundo fabuloso que escondía tesoros de lugares lejanos. Una excursión hacia el interior de la ciudad, hacia su corazón, un viaje al centro de la tierra.

Hoy esa rambla habrá amanecido más oscura que de costumbre porque ayer la maldad absoluta destrozó la vida de muchas personas, pero volveremos a caminarla.    

Esta mañana leí estas palabras de Salman Rushdie en un artículo del JotDown (http://www.jotdown.es/2017/08/vamos-ganando/):
“El fundamentalista cree que no creemos en nada. En su mirada del mundo, tiene las certezas absolutas, mientras nosotros estamos hundidos en indulgencias sibaritas. Para demostrarle que está equivocado, primero debemos saber que está equivocado. Debemos ponernos de acuerdo en lo que es importante: besarse en lugares públicos, los sándwiches, estar en desacuerdo, la moda vanguardista, la literatura, la generosidad, el agua, una distribución más equitativa de los recursos de la Tierra, las películas, la música, la libertad de pensamiento, la belleza, el amor. Estas serán nuestras armas. No los derrotaremos haciendo la guerra, sino por la forma que elijamos de vivir nuestras vidas sin miedo.”

Ha sido tremendamente emocionante leer que la gente abría sus casas para dar cobijo, que los taxistas daban su servicio gratis, que muchos se apresuraban a donar sangre, que los hoteles alojaban y atendían de forma gratuita a los viandantes. Han sido emocionantes los abrazos provocados por el dolor. La solidaridad. Los mensajes de amigos y familiares. Ha sido sin duda emocionante seguir el maravilloso trabajo de los Mossos d’Esquadra (de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en general) y del personal sanitario de Barcelona. Su mesura, su valentía, su compromiso con la sociedad son maravillosos.

No sé, en realidad decir cualquier cosa ahora es un ejercicio de algo difícil de calificar. Quizás sólo escriba esto para mí, quizás esto no sea más que un desahogo personal.

Os dejo un artículo de Enric González que me ha gustado mucho (Han tancat la Rambla: https://goo.gl/B6W175) y un fragmento de un poema del barcelonés Gil de Biedma que habla de otra cosa pero que quise poner porque quizás la vida sea eso: los recuerdos que nos vienen cuando suceden otras cosas. Hoy todas las palabras suenan grises y rasgadas.

Con luz de atardecer, sobresaltada y triste,
se salía a las calles del invierno
poblado de infelices gabardinas
a la deriva, bajo el viento.


lunes, febrero 27, 2017

Revista Aurora Boreal - relato Aurora

La revista literaria Aurora Boreal ha tenido a bien publicar un microrrelato recogido en mi primer libro, de título reprochable, pero que, y a pesar de ello, no aborrezco demasiado, o por lo menos, no lo suficiente como para pensar que el título está a la misma altura que el contenido del mismo.

Sin más dilación, aquí, ahora, el relato titulado Aurora:

http://www.auroraboreal.net/literatura/mini-relato/2455-aurora